Icor

Arico
Balcones de tea

La palabra Icor es un topónimo de origen amazigh, derivado del término “Icore” (higueral) por lo que se cree que su origen es  prehispánico, lo que se apoya también en los diversos restos arqueológicos, como grabados en cuevas, que atestiguan la presencia guanche incluso en el siglo XVI. El caserío se conforma como tal a mediados del siglo XVII cuando se asientan en el lugar familias destinadas al cultivo del trigo, viña y árboles frutales, y a la ganadería con cabras y ovejas, confeccionando de esta manera el Caserío de Icor. Durante el siglo XVIII se dio un destacable crecimiento de la población lo que provocó la construcción de un número considerable de casas.

Sus construcciones se caracterizan por la simpleza de su arquitectura rural siguiendo el estilo arquitectónico tradicional canario. Son casas, de dos plantas o terreras que, o bien tienen forma de “L”, o bien agrupan sus dependencias entorno a un amplio patio; con el objetivo de protegerse contra el viento constante del norte, dando la espalda a las lluvias y tormentas. Las puertas y ventanas, hechas con madera de tea, se orientan hacia el naciente o el sol del medio día. Su techumbre cubierta en su exterior por teja árabe, puede ser de una, dos o cuatro aguas, presentando diversas edificaciones con enlucido de cal.

Algunas de las casas de este caserío poseen un granero o tronja, al cual se accede desde el exterior mediante una escalera de toba sin barandas, que termina en una rústica balconada con un primitivo barandal de tea.

Esta joya de la arquitectura canaria fue declarada, en 2005, Bien de Interés Cultural, con categoría de Conjunto Histórico.